El pergamino de Chinon: la absolución de los dignatarios de la Orden del Temple por parte de los Legados Pontificios

El Pergamino de Chinon es el acta de los interrogatorios a los que, entre el 17 y el 20 de agosto de 1308, fueron sometidos en el castillo de Chinon, Francia, los máximos dirigentes de la Orden del Temple, detenidos el año anterior por orden del rey Felipe IV de Francia. Como los acusados no podían ser conducidos ante el papa en Poitiers, Clemente V envió a Chinon a tres cardenales legados con el encargo de interrogarlos personalmente: Bérenger Frédol, cardenal presbítero de los Santos Nereo y Achilleo; Étienne de Suisy, cardenal presbítero de San Ciriaco in Thermis; y Landolfo Brancacci, cardenal diácono de Sant’Angelo in Pescheria — los mismos que el documento llama «Berengario», «Stefano» y «Landolfo».

El texto recoge los interrogatorios de cinco de los más altos dignatarios de la Orden — el maestre Jacques de Molay, Raymbaud de Caron, Geoffroy de Charny, Geoffroy de Gonneville y Hugues de Pérraud — y su absolución sacramental de la acusación de herejía, con su readmisión a la comunión de los fieles. Un acto que precede en algunos años al desenlace bien distinto de los hechos: en 1312 Clemente V disolvió de todos modos la Orden con la bula Vox in Excelso, y en 1314 el propio Jacques de Molay fue condenado a la hoguera.

Conservado en el Archivo Apostólico Vaticano (Archivum Arcis, Arm. D 217), el documento no había desaparecido, sino que permaneció durante siglos poco conocido y mal catalogado, hasta que la paleógrafa Barbara Frale lo localizó en septiembre de 2001. Frale publicó su estudio científico en el Journal of Medieval History en 2004; en 2007 se publicó una edición facsímil de tirada limitada con el título Processus contra Templarios.

El texto del documento

Chinon, 17-20 de agosto de 1308

 
En el nombre de Dios, Amén. Nosotros, por la misericordia divina Berengario, del título de los Santos Nereo y Achilleo, y Stefano, del título de San Ciriaco in Termis, cardenales presbíteros, y Landolfo, cardenal diácono del título de Sant’Angelo, hacemos saber a cuantos vean el presente documento público lo siguiente: habiendo ordenado recientemente el santísimo padre y señor nuestro Clemente, por divina providencia sumo pontífice de la santosanta y universal Iglesia de Roma, a causa de lo que refería la voz pública y la ardiente denuncia del ilustre rey de los francos y de prelados, duques, condes, barones y otros nobles y no nobles del mismo reino de Francia, que se abriera una investigación contra algunos hermanos, sacerdotes, caballeros, preceptores y sargentos de la Orden de la Milicia del Templo sobre aquellos hechos que conciernen tanto a los hermanos de la Orden como a la fe católica y al estado de la propia Orden, y por los cuales han sido públicamente difamados, el mismo pontífice, queriendo y pretendiendo conocer la verdad pura, plena e íntegra sobre los altos dignatarios de dicha Orden, es decir, el hermano Jacques de Molay, gran maestre de toda la Orden de los Templarios, y los hermanos Raymbaud de Caron, preceptor de Ultramar, y los preceptores de las casas templarias Hugues de Pérraud en Francia, Geoffroy de Gonneville en Aquitania y Poitou, Goeffroy de Charny en Normandía, nos ordenó y encargó, con mandato especial dado expresamente por el oráculo de su viva voz, que, acompañados de notarios públicos y testigos dignos de fe, investigáramos con atención la verdad respecto al gran maestre y a los demás preceptores arriba nombrados, interrogándolos rigurosamente uno por uno. […]

En el año mil trescientos ocho del nacimiento del Señor, en la sexta indicción, el día diecisiete del mes de agosto y en el año tercero del pontificado de nuestro señor el papa Clemente V, en el castillo de Chinon, diócesis de Tours, el hermano Raymbaud de Caron, caballero y preceptor de Ultramar de la Orden de los Templarios, constituido ante nosotros, los cardenales arriba dichos, juró sobre los santos evangelios de Dios, tocando el Libro, decir la verdad pura y plena […] dijo que hacía en efecto unos cuarenta y tres años que era caballero, y que fue recibido en el Temple por el hermano Roncelin de Fos […] en la capilla de la casa templaria de aquel lugar. Y en aquella ocasión el preceptor no le dijo nada más que bien; […] pero después de dicha ceremonia de recepción sobrevino cierto hermano sargento […] que lo llevó aparte portando una pequeña cruz bajo el manto; […]. Y aquel hermano le dijo: «Conviene que reniegues de esto». Y el declarante, no creyendo pecar, dijo: «Y yo lo reniego». […] Dijo además que aquel reniego que hizo no lo había hecho con convicción, sino de palabra. […] Interrogado después sobre el vicio de la sodomía dijo que nunca lo había practicado, ni activa ni pasivamente, ni había oído nunca decir que los Templarios practicaran ese vicio, salvo tres de ellos, los cuales, por ese vicio, habían sido condenados a cárcel perpetua en el Castillo de Chateau-Pelerin. […] Interrogado acerca del escupir sobre la cruz y del ídolo en forma de cabeza dijo no saber nada, añadiendo que nunca había oído hablar de esta cabeza hasta que se lo oyó decir a nuestro señor el papa Clemente el año recién transcurrido. Interrogado sobre el beso dijo que el hermano Rossolino, cuando lo había recibido como hermano, lo había besado en la boca; de otros besos dijo no saber nada. […] Y finalmente el mismo hermano Raymbaud, de rodillas y con las manos juntas, pidió ante nosotros perdón y misericordia por los hechos revelados; y puesto que era el propio hermano Raymbaud quien pedía estas cosas, abjuró en nuestras manos lo ahora revelado y toda otra herejía y por segunda vez, tocando el Libro, juró sobre los santos Evangelios de Dios que él mismo obedecería los preceptos de la Iglesia y mantendría, creería y observaría la fe católica que la Santa Iglesia Romana mantiene, observa, predica y enseña y ordena que sea observada por los demás, y que viviría y moriría como fiel cristiano. Después de este juramento nosotros, los cardenales, en virtud de la autoridad especialmente concedida por el papa en este lugar, impartimos al mismo hermano Raymbaud, que humildemente lo pedía, el beneficio de la absolución de la sentencia de excomunión en la que, por las cosas antes reveladas, había incurrido, readmitiéndolo en la unidad de la Iglesia y restituyéndolo a la comunión de los fieles y a los sacramentos eclesiásticos. […]

El hermano Geoffroy de Charny, caballero, preceptor de las casas del Temple en toda Normandía, juró de modo semejante sobre los santos evangelios de Dios, tocando el libro; interrogado atentamente sobre las modalidades de su ingreso en la Orden dijo que hacía unos cuarenta años que fue recibido en la Milicia del Temple por el hermano Amaury de la Roche, preceptor de Francia, cerca de Étampes, en la diócesis de Sens, en la capilla de la casa templaria de aquel lugar […] el hermano que lo había recibido lo condujo al interior de la propia capilla y le mostró una cruz en la que estaba la imagen de Cristo: y le dijo que no creyera en aquello, más aún, que lo negara. Y entonces, por orden de aquel, lo negó de palabra pero sin convicción. Dijo también que en el momento de su recepción había besado a aquel hermano en la boca, en el pecho y sobre el hábito, en señal de respeto. […] Interrogado atentamente acerca del escupir sobre la cruz, los besos, el vicio de la sodomía y el ídolo en forma de cabeza, dijo no saber nada.

Interrogado, dijo además creer que los demás hermanos son recibidos en la orden del modo en que él mismo fue recibido; […] Después de esto nosotros, los cardenales, según las modalidades y las formas arriba escritas, estimamos que al mismo hermano Geoffroy, que abjuraba en nuestras manos lo recién revelado y toda otra herejía, y que juraba sobre los santos Evangelios de Dios pidiendo humildemente también el beneficio de la absolución según las formas de la Iglesia, [debía concedérsele], acogiéndolo en la unidad de la Iglesia y restituyéndolo a la comunión de los fieles y a los sacramentos eclesiásticos.

[…] el hermano Geoffroy de Gonneville […] dijo que hacía unos veintiocho años que fue recibido como hermano en la Orden de los Templarios por Robert de Tourville, caballero y preceptor de las casas templarias en Inglaterra, cerca de Londres, en la capilla de la casa templaria de aquella ciudad. […] le dijo que era necesario que negara la imagen de aquel que allí estaba representado; y como el novicio no quería hacerlo, el preceptor insistió mucho en que lo hiciera. […] Y él dijo que sí y prometió que, si era interrogado por cualquiera de los cohermanos, declararía haber hecho el reniego; por tanto, según lo que nos dijo, no negó nada más. El templario que lo recibía le dijo también que era necesario escupir sobre la cruz mostrada antes; y como él no quería hacerlo, el templario puso la mano sobre la cruz y le dijo: «¡Escupe al menos sobre mi mano!». […] Interrogado atentamente sobre el vicio de la sodomía, sobre el ídolo en forma de cabeza, sobre los besos y otros hechos de los que los templarios son difamados, dijo no saber nada. […]

Después de esto nosotros, los cardenales, según las modalidades y las formas arriba escritas, estimamos que al mismo hermano Geoffroy de Gonneville, que abjuraba en nuestras manos lo ahora revelado y toda otra herejía y que juraba sobre los santos Evangelios de Dios pidiendo humildemente también el beneficio de la absolución por estos hechos, debía impartírsele el beneficio de la absolución según las formas de la Iglesia

Readmitiéndolo él mismo en la unidad de la Iglesia y restituyéndolo a la comunión de los fieles y a los sacramentos eclesiásticos. […] Hugues de Perraud, caballero, preceptor de las casas del temple en Francia, tocando el Libro, juró sobre los santos Evangelios de Dios del modo y en la forma dichos. […] dijo haber sido recibido en Lyon, en la casa templaria de aquella ciudad, en la capilla de la misma casa, hacía ya cuarenta y seis años más o menos, el día de la fiesta de la Magdalena recién pasada; y lo recibió como hermano de la Orden el hermano Hubert de Perraud, caballero templario y su tío paterno, visitador de las casas de la Orden en Francia y en el Poitou.

Este le puso el manto de la orden sobre el cuello; hecho esto, otro cohermano llamado Giovanni, que fue después preceptor de La Muce, lo tomó aparte en la capilla y, mostrándole cierta cruz en la que estaba pintada la imagen del crucifijo, le ordenó que negara la imagen de aquel que allí estaba representado: este, según lo que nos dijo, se opuso cuanto pudo. No obstante, al final, aterrorizado por las intimidaciones y amenazas de aquel hermano Giovanni, negó la imagen pintada, pero una sola vez. Sin embargo, aunque dicho hermano Giovanni le hubiera ordenado una y otra vez escupir sobre la citada cruz, no quiso hacerlo. Interrogado si había besado al templario que lo había recibido dijo que sí, pero solo en la boca. Interrogado sobre el vicio de la sodomía dijo que nunca se le impuso y que nunca lo cometió. […] Interrogado por qué lo había hecho y por qué se dolía de ello, puesto que lo hacía sin intención, respondió que así lo prescribían los estatutos, es decir, las costumbres de la Orden, y que siempre había esperado que ese error fuera eliminado. Interrogado si sabía o no si todos los hermanos de la orden son recibidos del modo en que él mismo recibió a otros, dijo no saberlo con certeza, salvo por sí mismo y por aquellos que había recibido personalmente, puesto que los templarios son recibidos en la Orden según un procedimiento tan secreto que nada puede saberse, sino por medio de los que están presentes en la ceremonia de ingreso. […] Interrogado sobre el ídolo en forma de cabeza, que se dice es adorado por los templarios, dijo que lo vio, mostrado a él en Montpellier por el hermano Pierre Allemandin, preceptor de aquel lugar; y que aquella cabeza quedó en poder del hermano Pierre. […]

Interrogado sobre qué edad tenía cuando fue recibido en la orden dijo que oyó decir a su madre que tenía dieciocho años. […] Después de esto nosotros, los cardenales, según las modalidades y las formas arriba escritas, estimamos que al mismo hermano Hugues, que abjuraba en nuestras manos lo ahora revelado y toda otra herejía y que juraba sobre los santos Evangelios de Dios pidiendo humildemente también el beneficio de la absolución por estos hechos, debía impartírsele el beneficio de la absolución según las formas de la Iglesia, readmitiéndolo él mismo en la unidad de la Iglesia y restituyéndolo a la comunión de los fieles y a los sacramentos eclesiásticos. […] constituido en persona el hermano Jaques de Molay, caballero y gran maestre de la Orden del Temple, después de haber jurado, interrogado atentamente sobre la forma y las modalidades arriba referidas, dijo que habían pasado unos cuarenta y dos años desde que en Beune, en la diócesis de Autun, fue recibido como hermano de la Orden, por medio del caballero templario Hubert de Perraud, entonces visitador de Francia y del Poitou, en la capilla de la casa de aquel lugar.

Y sobre las modalidades de su ingreso en la orden dijo que el que lo había recibido, antes de abrocharle el manto, le mostró cierta cruz, le dijo que renegara de Dios cuya imagen estaba pintada en la propia cruz y que escupiera sobre ella: cosa que hizo; y sin embargo no escupió sobre la cruz, sino en el suelo, según dijo. Dijo además que aquel reniego lo hizo de palabra, sin intención. Interrogado atentamente sobre el vicio de la sodomía, sobre el ídolo en forma de cabeza y sobre los besos inmorales dijo no saber nada. […] Nosotros, los cardenales, según las modalidades y las formas arriba descritas, estimamos que al mismo hermano Jacques, gran maestre de la orden, que abjuraba en nuestras manos lo ahora revelado y toda otra herejía y que juraba sobre los santos Evangelios de Dios pidiendo humildemente también el beneficio de la absolución según las formas de la Iglesia, [debía concedérsele], acogiéndolo en la unidad de la Iglesia y restituyéndolo a la comunión de los fieles y a los sacramentos eclesiásticos. […]

Estos hechos tuvieron lugar en el año, en la indicción, en el mes, en los días, en el pontificado y en el lugar arriba recordados, en nuestra presencia, estando presentes los notarios públicos por autoridad apostólica Umberto Vercellani, Nicolò Nicolai de Benevento, el citado Robert de Condet y el maestro Amise de Orleans llamado le Ratif, y los testigos convocados expresamente para ello: el religioso hermano Raimondo, abad del monasterio de San Teoffredo de la orden de San Benito en la diócesis de Annecy, y los prudentes señores Bernando da Boiano, arcediano de Troia, Raoul de Boset, penitenciario y canónigo de París, y Pierre de Soire, custodio de la iglesia de Saint-Gaucéry de Cambresis.
 

Sello notarial Robert de Condet

Sello notarial Umberto Vercellani

Sello notarial Nicola di Benevento

Sello notarial Amise de Orleans llamado le Ratif

Cardenal Berengario del título de los Santos Nereo y Achilleo

Cardenal Stefano del título de San Ciriaco in Termis

Cardenal Landolfo, diácono, del título de Sant’Angelo

 

[fuente: Archivo Apostólico Vaticano, Archivum Arcis, Arm. D 217]

 

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